SONETO (II)
Tan inmenso que es ¡oh mar! el cielo,
como es el mismo en todas partes,
puede el alma creerlo tan pequeño...
Enclavado a lo eterno eternamente
por las mismas estrellas,
¡qué tranquilas sentimos a su amparo,
el corazón, como en el sentimiento
de una noche, que, siendo sólo nuestra madre,
fuera el mundo!
¡Qué refugiados nos sentimos
bajo su breve infinidad definitiva!
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
