RECLAMO ( Al amado ausente)
Lejano sonreir de otras auroras
colmenas de ventura,
cuando sus labios, filtros bienhechores
me dieron su dulzura.
Lejana brisa en plenitud de aromas
que bebiste su aliento,
y que a mi corazón enardecido
dieras vida y contento.
Lejano sol que alegre y a hurtadillas
por la roja persiana
te filtrabas feliz para ofrendarnos
la caricia temprana.
Lejano atardecer: cómplice grato
en nuestra tibia estancia,
donde al nacer la luna, difundía
la noche su fragancia.
Lejano murmurar del manso río
que en las horas de ensueño
con voluptuoso arrullo me adormecías
en brazos de mi dueño.
Lejano azul, ensoñación lejana;
lámpara milagrosa,
deliquios del amor que se eterniza
entre un celaje rosa...
Os fuísteis... y en rumbo hacia lo ignoto
de mis sueños errantes,
va rielando su sombra que ilumina
mis pasos vacilantes.
Y presiento que en torno a mis congojas,
atento a mi reclamo,
me dice con su voz ultraterrena:
"Siempre, siempre te amo".
Huérfana de su amor, ese remedo
de su voz es mi aliento;
como el ciego que otrora vio la lumbre
sonríe al firmamento.
Por eso voy llevando en mis pupilas
un triste interrogante,
y se extingue mi vida en el recuerdo
instante por instante.
MARGARITA DÍAZ DEL CASTILLO
