MARTHE

En la tarde de lluvia, primaveral y sola,
que ponía las rosas pesadas con sus perlas,
entre la risa familiar, en la terraza,
te burlabas de mí, fantástica y perversa.
Andabas como yo, te empinabas lo mismo
que yo diciendo versos...Tu gracia francesa era
de un encanto tan grande, que yo me desdeñaba
también, perdido, absorto en tu farsa traviesa.
De vez en cuando, en un gesto rápido y único,
que me tornaba náufrago de tu hermosura tierna,
tras una agudizada sonrisa, me quitabas
todo lo hecho con una mirada seria...
- Del otro parque, en la suntuosidad lila
del crepúsculo igual, una voz limpia y llena
colmaba de su plata apasionada todo
el jardín silencioso, fino de hojitas nuevas.
Y los trajes ligeros, hijos del paisaje
mate, daban a la hora un contagio de eterna
fugacidad sin nombre, que después volvería
a la nostalgia, como una belleza en pena. -
¡Oh cosas que pasaron!...¡Qué mudez verdadera,
qué mirar de verdad. ¿Y a quién, Marthe, darás
esta tarde española de primavera fresca?

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ