MADRIGALES
Amor mío, ¿tú me hablas
o me hablan los labios de la aurora?,
porque entre las dos tablas
arqueadas del pecho que suspira,
el corazón se dora
por una luz. Delira
el músculo, y la sangre, mientras todo
se escapa de lo azul de luz y lodo
que rodea a la esfera de la tierra;
por mí, en millones yo, tu imagen yerra
y tu palabra sube
por el cielo sin mancha de mi frente,
inesperadamente,
siendo más bella aún, como una nube.
ROGELIO BUENDIA
