LOS OJOS DE MI MADRE

Ojos, oh dulces ojos pensativos,
melancólicos, grandes,
melancólicos, sí, pero cargados
de ternuras y dichas inefables.

Ojos que en las tinieblas de mi vida
piadosos me alumbrasteis,
y hoy en mis desventuras y mis penas
me acompañáis, amantes.

Fijos dentro del alma
os llevo a todas partes.
A veces me miráis enternecidos,
y a veces tristes, cariñosos, graves;
lloráis y vuestro llanto cariñoso
al hondo abismo de mis penas cae,
como dorada gota de rocío
sobre los mustios árboles.

No vayáis a cerraros todavía,
ojos benditos, ojos de mi madre,
húmedos ojos del color del cielo
profundos, adorables,
no vayáis a extinguiros;
eternamente con amor miradme
con la misma ternura, siempre azules
y siempre melancólicos y grandes...

VICENTE CASAS CASTAÑEDA