INVOCACIÓN AL ÁRBOL OLVIDADO
Árbol, me inquieta verte en tu actitud de espera,
clavando tus miradas verdes
donde nunca han podido llegar tus deseos.
Me aflije verte enraizado
en la esmeralda horizontal de la campiña,
agitando tus ramas nudosas en una eterna danza de quietud.
Eres el espectador único de la diaria agonía de las tardes.
Cuando se apagan las luces rojizas del ocaso,
te traga la noche en un negro bostezo,
y tus ojos naufragan en el llanto
que derraman las estrellas.
Amparas las escenas amorosas de los nidos
con una dolorosa resignación, sin más consuelo
que un infinito concierto de aguas y de brisas.
El cuerpo verde de la hiedra no se ha enroscado a tu cintura
en un abrazo apasionado,
ni tus ramas se han fundido con las de otros árboles amigos.
La naturaleza ha hecho de ti la estación del descanso
de los pájaros, que llegan fatigados a tu fronda
después de atravesar, como flechas,
la prolongada extensión de la llanura.
Mil cuchillas te hierieron alevosamente,
para perpetuar el nombre de seres que se amaron;
y un encaje de corazones decora tu tostada corteza,
como una ironía. Erguido sobre tu lecho de esperanza,
eres, árbol, una bandera de amor.
DELIA IÑIGUEZ
