CREPÚSCULO

En la pálida tarde silenciosa,
cuando Venus, pupila misteriosa,
apenas se contrae,
y el espacio no es más que una penumbra
en la que toda claridad alumbra
toda sombra que cae;
cuando el día y la noche, confundidos,
en un beso final quedan dormidos;
cuando todo es amor;
cuando algunas luciérnagas distantes,
como gotas de luz, vagan errantes
de la flor a la flor;
cuando acaso la luna, allá en el cielo,
desparrama no sé qué gran consuelo
por nuestra soledad,
y hasta el réprobo, el mostruo y el maldito
van buscando su parte de infinito
bajo esa claridad;
cuando acaso se escucha por momentos,
entre el sueño profundo de los vientos,
un murmullo surgir,
como si el corazón del viejo espacio
nos enviara despacio, muy despacio,
su rítmico latir;
cuando todos los ángulos son suaves,
pasan siempre de a dos,
siento a veces un dulce calofrío,
cual si un alma, al rozarme en el vacío,
dijera algo de Dios...

SUSANA CALANDRELLI